Iván Candeo, Luis Guerra, Pablo Katchadjian

REESCRITURA 

Madrid, 26/11/2012 - 13/01/2013

“Esto es un espejo, usted es una frase escrita”, se lee en una famosa obra de Luis Camnitzer. El elaborado juego de transformaciones que se despliega a partir del enfrentamiento entre el espectador y aquel sencillo letrero, sintetiza con admirable economía una larga historia, toda una tradición de la reescritura en la cultura de América Latina. Esa tradición, sin embargo, ha conocido tantas mutaciones que lo más justo sería hablar, no de un concepto único y cerrado sobre sí mismo que navega mansamente a lo largo del tiempo, sino de una serie de mecanismos de lectura/escritura que producen unos efectos históricos determinados. 
Un rastreo de dichos efectos podría abarcar desde las traumáticas imposiciones coloniales de los mapas sobre los territorios conquistados, hasta las diversas concepciones urbanísticas de nuestras ciudades letradas –marcadas por las tensiones entre la réplica y la ruptura, entre lo originario y lo original, entre la conmemoración y la entropía, entre el monumento y el non-site–, pasando por los incontables ejercicios de apropiación entre las muchas culturas y mentalidades que, aún hoy, siguen encontrándose en el continente. Lo cierto es que la reescritura ocupa un lugar prominente en nuestra cultura. Sus consecuencias se dejan sentir una y otra vez, en ocasiones como enfermedad postcolonial, como complejo cultural que pone en escena el fallido laboratorio de todas las ficciones occidentales, ese espacio donde síntoma y repetición son la misma cosa. 
Otras veces, sin embargo, la reescritura se presenta como un sistema de sanación que, en palabras del antropólogo Michael Taussig, nos permite ahuyentar a los malos espíritus mediante la elaboración de su retrato. La reescritura se transforma, por tanto, en un aparato mimético que, como el espejo reescrito de Camnitzer, desestabiliza los puntos de vista más sólidos, crea bucles de incertidumbre epistemológica y da lugar a saltos, borrados y sustituciones del sentido. La salud, podríamos decir, está en el peligro; un peligro ontológico que hace de la identidad, no un refugio metafísico, sino una aventura incesante. Del mismo modo, la posibilidad de lo nuevo sólo se abre a partir de la antropofagia de lo viejo, la tradición aparece como lo nuevo que por fin revive y ocurre por primera vez en cada repetición.
Como se ha indicado en más de una ocasión, la obra de Jorge Luis Borges marca un punto de inflexión en esta toma de conciencia acerca de los poderes miméticos de la reescritura. Después de Borges, la copia, el plagio o la parodia –todos ellos instancias de la reescritura–, pasan a ser instrumentos con los que el lector se empodera y es capaz de intervenir en la construcción de los relatos, cuestionando de paso el lugar de subalternidad en las jerarquías culturales. En ese sentido, para los artistas latinoamericanos, por fuerza tan borgeanos como duchampianos, los procedimientos de la reescritura constituyen una particular forma de aproximación a las paradojas de la historia y el reparto de roles en los intercambios culturales.

 

Iván Candeo, Luis Guerra, Pablo Katchadjian

REWRITING

Madrid, 26/11/2012 - 13/01/2013

“This is a mirror, you are a written sentence”, one can read in a famous work by Luis Camnitzer. The intricate transformations resulting from the confrontation between the spectator and such a simple sentence, synthesizes a long history, a whole tradition of rewriting in Latin American culture. This tradition, however, has suffered so many mutations that it wouldn’t be fair to deal with it as one single concept, enclosed in itself, travelling serenely in time, but rather as a series of reading/writing devices that produce specific historical effects.
Those effects could range from the traumatic colonial impositions of maps on conquered territories to the several urban conceptions of our lettered cities –marked by tensions between replica and rupture, between the aboriginal and the original, between commemoration and entropy, between monument and non-site–, not to mention the countless appropriations that, even nowadays, keep taking place between several cultures and mentalities. Indeed, rewriting has a prominent position in our culture. Its consequences can be felt over and over again, sometimes as a post-colonial disease, as a cultural complex that stages the failed laboratory of Western fictions, a space where symptom and repetition are nothing but the same thing.
Sometimes, however, rewriting appears as a healing system which, as anthropologist Michael Taussig would put it, permits us to get rid of bad spirits by portraying them. Rewriting is thus transformed into a mimetic device that, just as Camnitzer’s rewritten mirror, destabilizes all solid viewpoints and creates loops of epistemological uncertainty, causing meanings to blur and intertwine. Health, we might say, depends on risk -an ontological risk that turns identity into an unceasing adventure rather than a metaphysical refuge. Likewise, the possibility of the new can only open through a cannibalization of the old, and tradition appears as the new that eventually resurrects and occurs for the first time in every repetition.
As it has been pointed out in many occasions, Borges’ work constitutes a turning point in this awareness about the mimetic powers of rewriting. Indeed, after Borges, plagiarism, copying or parody –instances of rewriting– became instruments for the empowerment of the reader, who was thus able to participate in the construction of narratives, while also questioning the subaltern place in cultural hierarchies. In that sense, for Latin American artists –necessarily Borgean as well as Duchampian–, rewriting procedures constitute their own particular approach to the paradoxes of history and the distribution of roles in cultural exchanges.

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